Este es un texto sumamente personal relacionado con el idioma inglés. Me ha costado muchísimo trabajo no sólo escribirlo también publicarlo, porque supone exponer una de las grandes frustraciones que me ha acompañado a lo largo del tiempo: ser monolingüe.

Mi historia

Crecí estudiando en escuelas públicas de Jilotepec, Estado de México, no tuve una formación bilingüe cuando era niña. Escuché música en inglés desde los 7 u 8 años, pero fue hasta que tuve acceso a internet, unos años después, que encontré las traducciones de las letras. Traté durante un tiempo de aprender de forma autodidacta a través de canciones. Funcionó, pero sólo en un nivel básico. No podía todavía entender ni realmente comprender cómo funcionaba el inglés. Durante la secundaria tomé clases en una escuelita de inglés que abrieron en mi pueblo, aprendí las cosas más básicas.

Mis amigas, amigos y hasta mis novios de esa época ya tenían una formación bilingüe porque estudiaron en primarias bajo ese sistema. Ahora he logrado identificar que desde ese momento empecé a tener una relación tóxica con el inglés. Me causaba una profunda vergüenza sólo saber lo básico sin poder comunicarme. En vez de enfrentarlo, comencé a evitarlo. Dejé de tomar las clases. La vergüenza por saber que muchas personas de mi edad ya sabían al menos de una forma intermedia hacía que mi frustración creciera por no saber de forma “mágica”, “natural” el idioma.

En la preparatoria conocí a varios autores y autoras estadunidenses, las leí y las disfruté siempre traducidas en español. Las películas las veía subtituladas a español. Todos esos productos culturales que en un momento pudieron ayudarme a relacionarme mejor con el inglés los consumía de forma traducida para evitar aceptar que me sentía inadecuada y no perteneciente a determinados espacios por no ser bilingüe.

En la universidad comenzaron algunos intentos por aprender inglés. Tomé clases otra vez, pero siempre terminaba dejándolas después de unos meses, al sentir que no avanzaba al ritmo que quería. Para titularme de la licenciatura necesitaba presentar un examen de comprensión en inglés. Estudié unos días antes y lo pasé. Eso evitó que volviera a tomar clases. Sin embargo, esas sensaciones seguían presentes y yo no avanzaba realmente en el idioma. Durante la maestría tuve que presentar un examen parecido e hice lo mismo. Llegué al punto donde la vergüenza creció porque tenía una maestría pero no era bilingüe.

Mi relación emocional

El inglés me hacía sentir estúpida, frustrada, insuficiente, avergonzada, ansiosa, incapaz, lenta, temerosa, expuesta. Esas emociones incómodas a veces se hacen presentes todavía; aunque gracias a que he aprendido a identificarlas he logrado disminuirlas y entenderlas. La autocompasión ha sido una gran herramienta para ir viendo esas señales e irlas resignificando.

Traté nuevamente de tomar clases privadas, en grupos y hasta ahora me doy cuenta que aunque hubiera encontrado a la mejor profesora del mundo, no hubiera aprendido sin antes no trabajaba mi relación emocional con ese idioma. Las huellas de los traumas. El autoconcepto que me formé de mí al no ser bilingüe. Las formas en que muchas veces me hablé y me sentí por no saber inglés de una forma avanzada.

Existieron muchos momentos en los que la frustración por no saber inglés llegaron a límites emocionales realmente estresantes, lugares y personas con las que me sentí desconectada por el hecho de no poder comunicarme. En ese camino hubo personas que me apoyaron y otras que hicieron que mis traumas aumentaran.

El avance

Me mudé a Estados Unidos, me casé con una persona bilingüe y por fin identifiqué cada uno de esos traumas, los estoy trabajando más en mi proceso personal, poniéndoles atención y resignificándolos. Me ha ayudado bastante. Todavía no soy bilingüe como me gustaría serlo. Pero vaya que he avanzado bastante a la Wendy anterior.

Empecé a tomar clases otra vez de inglés ya identificando mis errores principales. Ya leo en inglés, veo películas subtituladas en inglés. Habló notando mis errores, pero sin que ello me detenga para hablar. Más bien, los identificó y trato de cambiarlos.

Hay días más sencillos y hay otros días donde parece que hasta tengo retrocesos. Me tatué hace años la palabra respira en mi muñeca abajo del símbolo de la serotonina como un recuerdo de ese mantra y esa acción para regresar al presente. Funciona bien cuando la frustración aparece por no poder comunicarme como quisiera. Cuando vuelven aparecer esos sentimientos de tristeza, enojo, miedo, frustración. Cuando me siento estúpida, avergonzada e insuficiente. Me recuerdo que es parte del proceso. Inmediatamente bajan esas sensaciones. Me abrazo, a veces lloro y me reconforto. Me sonrío y me digo cosas más amorosas como: estás aprendiendo, ten paciencia, lo estás intentando. Pongo atención en mis avances con respecto a mi yo del pasado y eso me da impulso para seguirlo intentando.

Llevo un año viviendo en Estados Unidos y justo apenas hace un par de meses que realmente salí de mi burbuja de sólo hablar en español. No quería que me pasara como a varias personas que conocí que han vivido años en este país y siguen hablando sólo en español por la vergüenza y el miedo.

Cambié de trabajo donde sólo hay personas que hablan inglés. Ha sido un proceso lleno de aventuras muchas veces frustrantes porque a veces no me entienden, a veces yo no los entiendo. Necesito estar pidiendo constantemente ayuda. No ha sido para nada cómodo y sí muy desafiante. Al mismo tiempo trabajo mi perfeccionismo que siempre se aparece para hacer todo más difícil. Pero estoy aprendiendo tanto en ese proceso que cada día estoy más interesada en ser bilingüe. No sé realmente cuánto tiempo me tome. Lo que sé es que voy a seguirlo intentando porque el deseo es realmente genuino. Quiero comprender una cultura distinta a la mía. Quiero comunicarme mejor con amigos y familiares que ahora tengo acá.

Recomendaciones de una persona que está intentando ser bilinguë a otra que también lo está intentando

Identifica cuáles son las emociones tanto las incómodas como las que se sienten bien. Acuérdate que no hay emociones positivas y negativas como tal. Todas te enseñan a entenderte mejor.

Ten presente cómo te identificas con esa lengua, qué palabras te dices cuándo lo estás intentando.

Sé autocompasiva y paciente

Acepta que será una experiencia enriquecedora pero que cada quien tiene un ritmo distinto de aprender y relacionarse con los idiomas

No compares tu proceso con los de las otras personas. Nadie es más inteligente o menos por aprender más rápido algo. Más bien cada quien tiene distintas herramientas para enfrentarlo.

Acepta tu vulnerabilidad y tu vergüenza

La vergüenza es una emoción en la que tienes que trabajar muchísimo para entender de donde viene y lograr que no pare tus objetivos y deseos

Celebra tus avances aunque no sean tan rápidos como quisieras

Observa y analiza tus errores para modificarlos

Habrá momentos donde las personas no se portarán amables porque no seas TODAVÍA bilingüe. Pueden desesperarse o simplemente ignorarte. Eso no dice nada acerca de ti. Tú lo estás intentando. Y sólo intentando e intentando se logran las cosas. En esos intentos vas a tener muchos errores y no se sentirá cómodo. Acéptalo. Trabájalo y dale otra vez.

Es de valientes aprender un nuevo idioma. No se puede ser valiente si no te sientes vulnerable o avergonzado. No hay forma. Para más sobre ese tema te recomiendo a la Investigadora Social Brené Brown.

Para recomendaciones técnicas de cómo aprender inglés busca en Google 😉

Gracias por llegar hasta aquí. Este texto ha sido una descarga emocional con el fin de que si alguien esta pasando por algo parecido se sienta acompañado.